El fuego del odio

En cambio, el odio, es un fuego que no cesa, no se apaga, abrasador, con fin de destrucción, de aniquilamiento.

Se manifiesta abiertamente algunas veces.

A menudo, se muestra bajo la piel de cordero.

De ese modo, su actuar de base es sigiloso, hipócrita, so capa de bien, pero mordiente, letal, envidioso,  decidido manipulador, mentiroso, despreciativo, calumniador continuo.

Es el mal engulliendo el bien.

Es expresiva la imagen en el Apocalipsis, del dragón rugiente ante la mujer a punto de dar a luz, a la espera de tragarse al recién nacido. (Ap 12:1-17)

Parece que no se consume jamás. Odio, que una y otra vez, consigue dañar, en las diversas formas del daño, del mal.

Por suerte, brota y brota el amar y el actuar del bien, ya sea grande o pequeño, pero puro, entregado; aunque espiado, estudiado, socavado por la ferocidad del odio.

Ante esta guerra, que aparenta no tener fin, la vida personal ha de orientarse, con persistencia, al Bien, al Amor, a la Verdad.

El Mal viene del Maligno, que tiene sucursales de todo tipo. El Bien viene de Dios, que también las tiene, pero gracias a Él, mejores.

(Reflexión / Montserrat Guixer Font / Diario publicado: ‘La fe recibida’ / Spain)

 

 

 

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