Rumbo a la Verdad

Las vidas de las personas surcan tanto la placidez efímera como las tormentas embravecidas.

El faro, o el gran sol que nos orienta,

es confiar en la persona y la palabra de Jesús-Cristo,

venido expresamente a la humanidad, tan desnortada,

si a Él no se encamina, con fe, esperanza y amor.

Al rectificar el rumbo, Él reconfigura a la persona, y ella se salva.

(Reflexión / Montserrat Guixer Font / Diario publicado: ‘La fe recibida’ / Spain)

 

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