El corazón profundamente envidioso

Con ignorancia se cree que un pobre envidia a un rico, ya por defecto, de inmediato.

Y puede suceder alguna vez, si a su pobreza se le une la vileza.

Pero comúnmente, quizás se ignora que un rico puede, y mucho, envidiar a un pobre.

¿Cómo?

Impidiéndole, saboteándole, destruyéndole,

cualquier opción de mejora que de él dependa.

Y va más allá: le desea, y pone todos los medios a su alcance, con tesón, con palabras y con hechos,

para que ni disfrute de lo poco que posea.

Así es la esencia del corazón profundamente envidioso y bergante, aunque hoy en día, con extremada precaución lo disimule.

< Una imagen péplum medianamente aproximada sería la del soberbio pateando el cazo del débil herido >

(Reflexión / Montserrat Guixer Font / Diario publicado: “La fe recibida” /  Spain)

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