Decía san Agustín…

[… Fijándose (san Agustín, 354-430) retrospectivamente en aquel momento, escribe en sus Confesiones:

“Aterrado por mis pecados y por el peso enorme de mis miserias,

había meditado en mi corazón y decidido huir a la soledad.

Mas tú (obispo Ambrosio) me lo prohibiste y me tranquilizaste, diciendo:

“Cristo murió por todos, para que los que viven ya no vivan para sí, sino para el que murió por ellos” (Ver la segunda carta de Pablo a los corintios 5, 15).

Cristo murió por todos.

Vivir para Él significa dejarse moldear en su “ser-para”.

Esto supuso para Agustín una vida totalmente nueva.

Así describió una vez su vida cotidiana:

“Corregir a los indisciplinados,

confortar a los pusilánimes,

sostener a los débiles,

refutar a los adversarios,

guardarse de los insidiosos,

instruir a los ignorantes,

estimular a los indolentes,

aplacar a los pendencieros,

moderar a los ambiciosos,

animar a los desalentados,

apaciguar a los contendientes,

ayudar a los pobres,

liberar a los oprimidos,

mostrar aprobación a los buenos,

tolerar a los malos,

y  (pobre de mí) amar a todos”.

“Es el Evangelio lo que me asusta”,

ese temor saludable que nos impide vivir para nosotros mismos

y que nos impulsa a transmitir nuestra común esperanza…..]:

[Benedicto XVI / Spe salvi, 28, 29]

(Transcrito por Montserrat Guixer Font / Diario publicado: La fe recibida / Spain)

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